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FEVE - Costa Norte - Ferrol/Ribadeo - Um cenário inolvidável
Como afirma o autor do artigo, citando o revisor, o cenário é tão rico e variável que nunca nos cansamos de repetir. O jornal "La Voz de Galicia" nos dá a possibilidade de ter mais uma curta e brevissima descrição.
Los trenes que mueve el aire
Xosé V. Gago
28 de mayo de 2012 05:08
A modiño viajan aún los trenes de Feve que unen Ferrol y Bilbao por la costa del Cantábrico. Tres horas necesitan para cubrir los 150 kilómetros entre la ciudad naval y Ribadeo por un itinerario en el que se pueden tirar miles de magníficas fotos de Ortigueira, la ría de O Barqueiro, la costa de A Mariña...
A modiño, aunque no tanto. En coche hacen falta 2 horas y media para hacer el mismo trayecto, pero no hay quien haga fotos al volante y se pierde la posibilidad de socializar que ofrece el tren.
En el tren de Feve viajan dos tipos de pasajeros. El más abundante solo recorre en él unas pocas paradas: de Moeche a Ortigueira, de San Sadurniño a Ponte Mera, de Burela a Ribadeo... Son mayores que van a visitar a la familia, trabajadores, estudiantes... Luego están los turistas y los aventureros, como Jonathan e Imogen, dos jubilados de Manchester que van a recorrer la beautiful costa norte de España después de visitar Santiago y A Coruña.
No les asustó el precio del billete a Ribadeo, 10,35 euros, 19,20 con la vuelta incluida, ni detalles un tanto arcaicos como que en la estación de Ferrol todavía no se admite el pago con tarjeta (!) y hay que tirar de billetes por obligación.
Al menos es puntual, lo fue el del pasado miércoles. Salió de Ferrol a las 10.30 y a las 13.24 estaba en Ribadeo clavado, y la vuelta, de 14.35 a 17.49, también fue en plan británico.
El revisor ese día era José Brito, gijonés y veterano de varias décadas en la empresa ferroviaria. Pese a que hace el mismo recorrido varias veces a la semana, tiene claro que «es un viaje increíble, llevo años yendo y viniendo y no me aburro de los paisajes».
Brito conoce el tren como la palma de la mano, a muchos de los pasajeros y también el recorrido. Una y otra vez indica la situación de buenos lugares para comer, esa playa «cojonuda» escondida poco después de pasar Viveiro... Como todos los ferroviarios, conoce anécdotas a patadas porque en el tren «se sube gente de todo tipo y a veces se ve de todo».
Cerca de Burela hay «una playa nudista» que se ve perfectamente desde la vía del tren, y cuenta que no es la primera vez que casi se llevan por delante al típico mirón.
En Ribadeo, él y el maquinista, un chaval grandote que se llama Fran, comen en una hora en Casa Pepe, casi al lado de la vía del tren. Luego vuelven a Ferrol. Fran explica algunas particularidades de la máquina de 52 toneladas que pilota. Por ejemplo, casi todo funciona con aire que genera el motor, desde las puertas de entrada hasta los amortiguadores del sillón del conductor. El tren no podría moverse sin aire, porque los frenos se activan con válvulas que liberan las ruedas al subir la presión.
También explica qué es el pedal del hombre muerto, que tienen todos los trenes y que el conductor pisa de forma intermitente. Si lo deja pisado o no lo toca, el tren entiende que le ha pasado algo, como un ataque al corazón, y la máquina frena de inmediato. Un toque siniestro para el que es uno de los trayectos en tren más bonitos que recorren Galicia.
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