segunda-feira, 17 de novembro de 2008

UE e a nostalgia ferroviária

Interessante comparação dos bons tempos ferroviários com a política da União Europeia.


"Fuente: diario del Sur

SUR DE EUROPA

Grandes Expresos Europeos

La unidad política de Europa nunca ha sido un proyecto de los pueblos, sino de las minorías empresariales, intelectuales y políticas. Esta es su gran debilidad respecto a las naciones.

OIGO en la radio una información que empieza aproximadamente así: «Europa: un sueño que se desvanece». Tras varias extrasístoles, compruebo que sólo se trata de un partido de baloncesto. Pero mi sobresalto continúa, pensando que el desvanecimiento podría también aplicarse al gran sueño de la unidad europea.

Mágicas locomotoras de vapor acompañaron mi infancia: las Mikado, las Santa Fe, las Confederación... No supe su nombre hasta mucho tiempo después pero, a mis siete años, me bastaba un segundo para diferenciarlas. Ser un niño feliz tiene el mismo inconveniente que vivir en París de joven: a partir de entonces, sólo puedes ir a peor.

En efecto: en 1955 electrificaron largos tramos de líneas ferroviarias y empezó mi decadencia. El paraíso perdido, el lento adiós a los resoplidos de vapor, a la carbonilla -¿niño, cierra la ventanilla!-, a las angélicas bielas de oro sucio.

Camino del norte, cambiaban en Busdongo la locomotora eléctrica por una Mikado 1-4-1. Aún veo cómo enganchan en cabeza la majestuosa reina de hierro y cómo sube luego hasta el cielo de Pajares, con veinte vagones cargados de sueño.

Estos recuerdos ferroviarios me sirven, retóricamente, para escribir de otro gran amor -la Unión Europea- comparando la todopoderosa locomotora Mikado con la actual Alemania. Europa cambia de máquina dos veces al año. Sucesivamente, cada uno de sus Estados se encarga durante un semestre de presidirla y darle impulso. Alemania -¿nada menos!- nos preside ahora, y la Canciller acaba de exponer su programa ante el Parlamento Europeo. Supondrá el lector que, entre las veintisiete posibles, sólo hay dos locomotoras capaces de traccionar el convoy europeo con potencia y velocidad. Alemania por su peso económico y Francia por su peso político.

Los británicos reúnen ambas razones pero tienen la cabeza dentro y el corazón fuera de la Unión y, cuando les toca presidirla, salen sólo a empatar el partido. Lo hacen dignamente, pero sin avanzar ni un metro en el camino entre la Europa-espacio y la Europa-potencia.

Así pues, la Unión lleva ahora en cabeza una de sus dos grandes locomotoras. Mejor dicho, la única posible, pues la francesa está en talleres desde su brusca frenada constituyente. Una vez más, a los federalistas europeos sólo nos queda Alemania.

La última esperanza, el único Estado con fuerza suficiente para volver al proyecto de Constitución; quizá decida elaborar uno nuevo que -éste sí- enamore a los ciudadanos. Hasta ahora la Canciller no ha defraudado. Dijo en Estrasburgo: «En 2009 habremos salido de la actual parálisis; lo contrario sería un fracaso histórico».

Pero aún son pocos los ciudadanos que se sienten tan vinculados a Europa como a su propio país. La unidad política europea ha sido siempre un proyecto de minorías empresariales, intelectuales y políticas; no de los pueblos. (Esta es su debilidad respecto a las naciones).

Para recuperar el clima constituyente, las huestes teutonas de Merkel deben centrarse en los aspectos culturales y morales de Europa. Hay que hacer políticas comunitarias eficaces, pero aún es más urgente que los ciudadanos compartan, supranacionalmente, derechos, deberes y valores.

Por otra parte, habría que convencer a los jóvenes de que podemos liderar la globalización sobre la base humanista característica de Europa. Debemos ofrecer al mundo un modelo social de convivencia frente al «fundamentalismo de mercado» de los actuales líderes.

En el viejo continente compartimos valores (al menos normas; por ejemplo, la modesta pero eficaz terna: paz, comercio y democracia). Y tenemos una arquitectura institucional, en cuya construcción hemos invertido medio siglo.

¿Vamos a desaprovecharlo todo?

Europa ya está hecha; sólo nos faltan los europeos.

¿Ánimo Frau Merkel: ahora o nunca!"

Sem comentários: